Eso, al menos, era lo que ella pensaba. Se recreaba en su aspecto, se crecía cuando alguien se atrevía a hacerle alguna observación.
Pero el espejo le devolvía otra imagen muy distinta a la que tenía conformada en su mente, le devolvía una realidad que ni quería ni sabía asumir, le devolvía una PRIMA engordada por la incompetencia de los gobernantes, por la incapacidad de los dueños del cotarro, por la negligencia de los de aquí y la prepotencia de los de más allá de los Pirineos y del Atlántico...
Pdta.: Nunca se traguen la incompetencia, la incapacidad, la negligencia y la prepotencia de los que maquinan para manejar, ¡porque engorda!.