No piden limosnas, ni venden alfombras de lana, tampoco elefantes de ébano, son pobres que no tienen nada de nada.
No entendí muy bien si nada que vender o nada que perder, pero por lo que parece tiene usted alguna cosa que les pertenece.
¿Quiere que les diga que el señor salió, que vuelvan mañana, en horas de visita?
O mejor les digo como el señor dice:
«Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita».
Y como les dije que el señor salió y tratándose de una urgencia,
me han pedido que les indique yo por dónde se va a la despensa y que Dios se lo pagará.
¿Me da las llaves o los echo?
Usted verá porque mientras estamos hablando llegan más y más pobres y siguen llegando.
¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de pobres?
O mejor les digo como el señor dice: «Bien me quieres, bien te quiero, no me toques el dinero»
Disculpe el señor pero este asunto va de mal en peor, vienen a millones y curiosamente vienen todos hacia aquí. Traté de contenerlos pero ya ve que han dado con su paradero.
Estos son los pobres de los que le hablé, le dejo con ellos y entiéndase usted...
Que Dios les inspire o que Dios les ampare, porque éstos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado.